lunes, 22 de junio de 2020

El Caminante sobre las Nieblas


Este cuadro de 1818, se ha convertido en todo un ícono de su época: el Romanticismo.  El hombre solo que se enfrenta a una naturaleza que es reverenciada. En fin, el "paisaje sublime".
Una época muy diferente acababa de desaparecer, sumiendo en el desengaño a muchos, y otra se asomaba en brumas de incertidumbre, aún indiscernible. En 1818 hacía tres años que había terminado la secuela de las Guerras Revolucionarias, las Guerras Napoleónicas, y Europa se enderezaba poco a poco sobre la sangre de tantos muertos.
Caspar David Friedrich, el autor de este pequeño cuadro que podemos admirar en la Kuntshalle de Hamburg, era un hombre de 44 años que se casó ese año en que pintó el cuadro, con una joven de 25 llamada Christiane Caroline Bommer. Hicieron su viaje de bodas desde Dresde, donde vivía y trabajaba, a su ciudad natal, Greifswald y luego a la isla de Rügen, aún hoy destino turístico importante para los alemanes.
Pero en la época de Caspar Alemania no existía como estado. Era un montón de pequeñas ciudades y principados bajo la influencia del Imperio Austríaco y del Reino de Prusia, al que pertenecía en aquel momento Greifswald; pocos años antes había sido danesa; Caspar era de nacionalidad sueca pues cuando nació había pertenecido a ese país su ciudad. En Viena había frecuentado los ambientes republicano-liberales de intereses nacionalistas, que en esos momentos eran reprimidos, perseguidos y censurados. El traje antiguo alemán, todo un símbolo político, aparece constantemente en sus cuadros, pese a que estaba prohibido. Pero su vida transcurrió tranquila, a pesar de su creciente melancolía.
Los paisajes de Caspar son reales, agrestes y también sombríos. Sus figuras, por lo general gente de los grupos medios sociales, como él mismo era, están casi siempre de espaldas, inconfundibles, pero en el centro de la composición, en medio de la naturaleza, como si ésta fuera la que las humanizara. Los seres humanos se sumergen en un Todo. Capar se inspiraba en el neoplatonismo cristiano y  su luz metafísica: la gran roca del cuadro es la fe firme; la montaña lejana, las cumbres espirituales a alcanzar...
Y es que el Romanticismo representa también una vuelta a la espiritualidad, y eso a pesar de todas las diferencias político-ideológicas de la época: el racionalismo exacerbado de los tiempos anteriores, el ateísmo  y los excesos revolucionarios habían vaciado los espíritus de muchos, que, huérfanos, se volvieron hacia la Naturaleza y al mundo del Cristianismo "bello y sabio" del que había hablado Chateaubriand. Una época de sentimientos y emociones reinantes por sobre todo, como esta época nuestra, que sin embargo ha perdido todo sentido de lo sublime.

            Cierra tu ojo corporal, para que puedas ver tu imagen primero con tu ojo espiritual; luego saca a la luz lo que has visto en la oscuridad para que pueda reaccionar sobre los demás desde afuera hacia adentro.

Caspar David Friedrich